Pablo simpatizante del 15M
Bien, han tratado de hacerlo otra vez y les ha vuelto a
salir el tiro por la culata. Han vuelto a fallar.
Y no, no hablo del Real Madrid ni del Barcelona, que han
visto como sus ambiciones por ser los próximos capeones de Europa se le ponían
un poco más lejos, pero esa es otra.
Hablo de esa pandilla, de esa chusma que la semana pasada, y
por las bravas, quiso asaltar el Congreso.
Vamos a tumbar el “régimen” e instaurar un gobierno popular
y de transición, clamaban.
Así, con un par y sin anestesia.
Por dios, ¿pero esto está sucediendo realmente en España?
¡A lo que hemos llegado Dios mío!
A consentir que una pandilla de facinerosos, pagados vete a
saber por quien, traten de asaltar un Congreso, elegido libremente por todos
los españoles, y que lo tomemos con tal filosofía, con tal tranquilidad, como
si en la televisión estuviesen retrasmitiendo un encierro de los San Fermínes,
por poner un ejemplo.
Menos mal que al final, y gracias al gran despliegue
policial, la cosa no pasó a mayores y los pandilleros, “demócratas del coctel
molotov, la barra de hierro y la navaja”, se tuvieron que lagar con el rabo
entre las piernas y sin haber logrado ni la más mínima simpatía hacia su causa.
Si algo consiguieron fue lograr
la más completa indiferencia por parte del resto de los españoles que
los estábamos viendo a través de la televisión.
Yo estuve siguiendo el asunto durante parte de la noche a
través del canal “Intereconomia” en su programa “El Gato al Agua”.
Y trajeron, como invitado especial para esa noche, a un
fulano llamado Pablo Iglesias, ¿no sé si tendrá alguna relación con el ínclito fundado
del PSOE?
Lo que sí sé es que, el tal Pablito, aunque todavía muy joven,
ejerce, al parecer, como profesor interino de “Ciencias Políticas” no sé en qué
Universidad.
¿Y si este fulano es el profesor? No me extraña que la
mayoría de nuestros jóvenes salgan de la universidad medio zumbaos.
Se escandalizaba el tío de que el Gobierno hiciese tal
despliegue de fuerzas del orden, hasta tal punto, decía, de que el número de policías sobrepasaba al
número de manifestantes y eso, según su punto de vista, era un derroche del
dinero de los contribuyentes.
Le explicaba Alejo Vidal Cuadras que, una confrontación se evita
precisamente con un despliegue de una fuerza igual o mayor.
O sea, que si esas fuerzas estaban ahí en esa proporción
era, precisamente, para de disuadir a
los manifestante de no tratar de hacer alguna barbaridad que más tarde hubiese
que lamentar, y que la cosa no fuese a mayores, tal como sucedió, y no para
machacar más y mejor a los manifestantes, como trataba de implicar Pablito.
Y le seguía diciendo: si tú eres un profesor de Ciencias
Políticas, tendrás que explicar a tus alumnos las cosas con algo de rigor y
razonamiento y lo que acabo de decir es algo tan básico como el respirar, ¿No
lo comprendes?
Pues no, el bueno de Pablo no lo comprendía.
Para él, allí tendría que haber habido una fuerza ínfima de
policía, que hubiese podido ser machacada por la turba y que hubiesen tomado el
Congreso por asalto y quizás pasado a navaja a varios diputados y quemado el
edificio con el resto dentro y entonces hubiese triunfado el pueblo, la
libertad y la democracia y ponía por ejemplo la Revolución Francesa.
Je, je, ¡La Revolución Francesa!
¡Hay que joderse!
Mira chaval, de la Revolución Francesa, con su tan cacareada
toma de la Bastilla por el pueblo, donde, por cierto, solo había siete presos
comunes, solo puede aprovecharse el hecho de que fue el germen que fundamentó
los Derechos del Hombre, al Cesar lo que es del Cesar, aparte de eso, la Revolución
Francesa fue un fracaso como la copa de un pino.
La Revolución Francesa, convirtió Francia en un baño de
sangre, lo que se conoce como el Reinado del Terror.
Comenzaron guillotinando al rey Luis XVI, y, como las cosas,
si durante el reinado de Luis iban mal, con los girondinos y los jacobinos y la
madre que los confunda a todos, fueron peor, acabaron guillotinando también a
la reina María Antonieta.
Luego, pasaron por la guillotina a todo aquél que
consideraban aristocracia o simpatizante de esta y al final la Revolución acabó
por comerse a sus hijos.
Primero el sicópata y sanguinario Marat, elaborador de las
listas negras que condujeron a las Masacres de septiembre de 1792, asesinado en
la bañera por la girondina Charlotte Corday, 13 de julio de 1793.
Segundo, Danton, que, aunque de impresionante figura debido
a su elevada estatura y amante de todos
los excesos, fue quizás el más moderado de todos, guillotinado por orden de
Robespierre, el 5 de abril de 1794.
Y al final, tres meses después de Danton, le tocó el turno a
Robespierre. Murió en la guillotina el 28 de julio de 1794.
Robespierre, que durante su tiempo en la oposición se mostró
siempre como un ferviente y firme opositor a la pena de muerte, una vez en el
poder, no dudó en mandar ejecutar a todo aquél que se opuso a sus pretensiones.
Y, aunque fue aclamado por sus admiradores como el “Incorruptible”, en realidad
no pasó de ser un fanático y sanguinario dictador.
En 1979, diez años después del comienzo de la famosa Revolución,
Napoleón Bonaparte daba un golpe de estado y el 2 de diciembre de 1804 se coronaba
emperador y metería a Francia en una guerra contra el resto de Europa, que la
desangraría durante más de 15 años.
Y ese fue el legado de aquella famosa revolución que Pablito
puso como ejemplo.
Bueno, ¿Qué le vamos a hacer?
Hay quien cree que el Che Guevara fue un héroe o que Almodóvar
hace cine.
Ya sé, ya sé, que Pablo es profesor de Ciencias Políticas, pero
¿no hay un juez del Supremo que dice que el ir a chillarle, gritarle y batir
cacerolas delante de la puerta de un ministro o alcalde, del PP, no es acoso…?
Pues eso.


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