Lo más preocupante no siempre es lo peor.
Según
una encuesta del CIS realizada el pasado mes de diciembre, el asunto que más
preocupa a los españoles en este momento es el paro, seguido muy de cerca por
la corrupción.
Bien,
con lo primero, no puedo estar más completamente de acuerdo. El paro, la falta
de empleo, el no saber si un día de estos nosotros ingresaremos en esa lista
fatídica del INEM, el temer que un día no seamos capaces de llevar un jornal a
casa y nuestras familias pasen hambre y, aunque nosotros nunca lleguemos a tal
extremo, el no estar seguros si nuestros hijos, una vez acabado los estudios,
serán capaces de encontrar empleo en este país o tendrán que emigrar igual que
hicimos nosotros en los 60 y 70, esa es una espada de Damocles que acompaña
todos los días al españolito de a pie o, como diría Reverte, al de infantería
de toda la vida.
Pero
con lo segundo… ¿…? Bueno la corrupción no es algo bueno, no es algo de lo que
uno pueda sentirse satisfecho, pero es algo muy nuestro, me atrevería a decir
que, es algo consustancial con los españoles. Donde haya un español que pueda
meter la mano en la bolsa o llevárselo por la cara, lo hará, es parte de
nuestra picaresca, por algo somos los inmigrantes más expulsados de Bélgica por
abusar de las ayudas estatales.
Pero
no es nuestro mayor problema, ni mucho menos, es una lacra, si, pero es una
lacra de la que la justicia se suele encargar, y con mano dura, en realidad,
casi con “odio”. El mismo odio que sentimos todos nosotros hacia el corrupto.
Un odio casi visceral, sin pensar que, muchos de nosotros en la misma situación
habríamos hecho lo mismo. Esto me hace pensar si la razón de ese desprecio
hacia la corrupción será por la magnitud de la infamia perpetrada, por ver la
traicionada a la confianza que habíamos depositado en los ellos o, simplemente,
será por el mal cuerpo que se nos queda al ver que es otro el que se lo lleva
crudo.
Pero
bueno, como iba diciendo este no es nuestro mayor problema por mucho que lo digan
las encuestas.
El
mayor problema reside en ese empeño que les ha entrado a algunos por desmembrar
a España.
Los
nacionalistas separatistas. Ese señor llamado Artur Mas, que reaparece en los
telediarios, día si, día también, para amargarnos la cena. Ahí, como un reuma,
como ese dolorcillo cojonero que, en los días lluviosos y cambios de tiempo,
nos afecta una rodilla o un hombro y nos hace sentir a disgusto, sin matarnos,
pero siempre tocando las narices. Y detrás los vascos con la misma cantinela,
aunque estos, observando sus métodos, más que un reuma nos parece haber cogido
un virus estomacal.
Pero de así esta manera, poquito a poco y a lo tonto a
lo tonto, cada día están más cerca de conseguir sus fines. Se fastidiaran ellos
también, ahí en el pecado llevan la penitencia, pero de esto se darán cuenta
luego, de momento van a acabar destruyendo nuestros país y nosotros mirando las
musarañas…


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