Soy pensionista y soy un problema.
Una y otra vez, escuchamos que el mayor problema que tiene España, es financiar las pensiones.
¡Hay que joderse! Cuarenta años cotizando religiosamente y ahora soy un problema.
Y es que, según ellos, somos demasiados, vivimos demasiado tiempo y somos muy duros de pelar.
Y, a pesar de que el Covid nos está diezmando, seguimos siendo un montón.
Pero os creíais que, después de haber sobrevivido nacer en casa y sin atención medica. Compartir vivienda con la cabra, el cerdo, las gallinas, los conejos, tres gatos, -muchos con las vacas y el asno, -en mi casa no había- sin luz, sin agua, con n una infestación de pulgas hasta en el blanco de los ojos, -en mi generación no tuvimos piojos, ¿no entiendo el porqué?, ¿se morirían con tanta mierda?-
Pasamos la tosferina, la varicela, el sarampión, las paperas, catarros, torceduras en los pies, en las manos o en cualquier parte del cuerpo, contusiones y cortes a mogollón, etc., sin visitar jamás al médico.
La escuela nos quedaba a un kilometro de distancia, que hacíamos dos veces al día, ida y vuelta, hiciera un sol de justicia, lloviera a cantaros o hiciera un frio que te quemaba la punta de los dedos y las orejas.
Jugábamos en la calle hasta bien entrada la noche, mucho ejercicio y poca comida.
Nadie iba al gimnasio ni corría por las calles, pero sin embargo no había gordos.
Dejamos la escuela y nos pusimos a trabajar a los 14 años –algunos antes-, la mayoría en el campo, en la mar o en la obra -ahí fui yo-.
Con 17 años emigramos, volvimos para hacer la mili y vuelta a emigrar. Nos casamos, tuvimos hijos, hicimos una casa, criamos a nuestros hijos y los mandamos a la universidad, tuvimos nietos y, por fin, llegamos a pensionistas y… engordamos. ¡Tócate los pies!
Y ahora nos dicen que somos muchos y que somos un estorbo y nos mandan el bichito de las narices para picarnos el ticket y mandarnos al otro barrio.
¿Y se creen que eso iba a poder con nosotros???
Pues ya pueden ir pensando en aplicar el plan B.



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