Lo que está sucediendo en Europa
Lo que está sucediendo en Europa, en estos momentos, es el principio de una de las etapas más oscuras de la historia del continente europeo y por extensión, de toda la cultura occidental.
Belfast está en llamas. Militantes nacionalistas
embozados en negro patrullan la ciudad calle por calle, lanzando cocteles
molotov a todos aquellos edificios donde habitan inmigrantes a expensas del
estado.
Y la gota que colmo el vaso, fue un emigrante musulmán
tratando de degollar a un hombre en medio de la calle y a plena luz del día.
Y no crean que esto me sorprende. Muchos de nosotros
habíamos pronosticado este desenlace. Lo que sí me sorprende, de veras, es que
haya tardado tanto.
Vimos arder París por haber ganado un partido de
fútbol, no quiero pensar que hubiera sucedido, de haber perdido.
Como alguien que ha vivido en Inglaterra casi veinte
años, puedo asegurar que la Inglaterra actual es irreconocible.
Aquello es terrible, los inmigrantes acogidos en esa
tierra con una hospitalidad sin precedentes, ignoran cualquier muestra de
agradecimiento hacia el país que los acogió, no muestran el más mínimo respeto
por la cultura británica, ni por sus leyes, junto con una falta
total de ganas de integrarse. Y lo que es peor, si un británico autóctono
expresa en las redes lo que está sucediendo, puede estar seguro que al otro día
tendrá a la policía llamando a su puerta y acabará recibiendo una multa o con
sus huesos en la cárcel.
Ciudades como París, Marsella, Birmingham o Barcelona,
ya no parecen europeas, sino ciudades de Oriente Medio o África.
Y hemos llegado al despropósito de tener, en la
mayoría de nuestros pueblos y ciudades, un barrio en el cual la policía te
aconseja que no entres.
Estamos viviendo una era de corrupción política sin
precedentes, tanto a nivel nacional, como en la Unión Europea.
Y en este maremágnum de corrupción, a alguien se le
ocurrió abrir las fronteras y que, todo aquel que lo deseara, pudiera
entrar en Europa como Pedro por su casa,
Y venga a traer extranjeros. Y venga a llenar el
continente de ilegales. Y venga a darles vivienda y paguitas para incentivar el
efecto llamada.
Y viva la “Alianza de civilizaciones”, decía el
corrupto Zapatero, que nos parecía míster Bean, y resulta que lo suyo eran las
joyas.
Y ahora todo aquello ha estallado y nos ha dado en la
cara.
El experimento de tratar de integrar el Tercer Mundo
con Occidente, ha fallado estrepitosamente.
Y ahora nos damos cuenta de que hay culturas que no
van a dejar de ser lo que son, por el hecho de que se hayan mudado a Minnesota,
Barcelona, Marsella, Irlanda del Norte o Quintanilla del Páramo.


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